Lunes 20 de Noviembre de 2017

Principios y código ético de mi práctica médica

Y que inspiran esta web.

La oración de Maimónides

Atribuida a Moses Maimónides, médico judío nacido en Córdoba. Transcrita por un médico alemán, Marcus Herz, que la publicó en 1793 como "Oración diaria de un médico antes de salir a visitar a sus enfermos. Según un manuscrito en hebreo de un famoso médico judío del siglo XII que trabajó en Egipto"

Dios Todopoderoso, Tú has creado el cuerpo humano con infinita sabiduría. Tú has combinado en él diez mil veces, diez mil órganos, que actúan sin cesar y armoniosamente para preservar el todo en su belleza: el cuerpo que es envoltura del alma inmortal. Trabajan continuamente en perfecto orden, acuerdo y dependencia. Sin embargo, cuando la fragilidad de la materia o las pasiones del alma trastornan ese orden o interrumpen esa armonía, entonces unas fuerzas chocan con otras y el cuerpo se desintegra en el polvo original del cual se hizo. Tú envías al hombre la enfermedad como benéfico mensajero que anuncia el peligro que se acerca y le urges a que lo evite. Tú has bendecido la tierra, las montañas y las aguas con sustancias curativas, que permiten a tus criaturas aliviar sus sufrimientos y curar sus enfermedades. Tú has dotado al hombre de sabiduría para aliviar el dolor de su hermano, para diagnosticar sus enfermedades, para extraer las sustancias curativas, para descubrir sus efectos y para prepararlas y aplicarlas como mejor convenga en cada enfermedad. En Tu eterna Providencia, Tú me has elegido para velar sobre la vida y la salud de Tus criaturas. Estoy ahora preparado para dedicarme a los deberes de mi profesión. Apóyame, Dios Todopoderoso, en este gran trabajo para que haga bien a los hombres, pues sin Tu ayuda nada de lo que haga tendrá éxito. Inspírame un gran amor a mi arte y a Tus criaturas. No permitas que la sed de ganancias o que la ambición de renombre y admiración echen a perder mi trabajo, pues son enemigas de la verdad y del amor a la humanidad y pueden desviarme del noble deber de atender al bienestar de Tus criaturas. Da vigor a mi cuerpo y a mi espíritu, a fin de que esté siempre dispuestos a ayudar con buen ánimo al pobre y al rico, al malo y al bueno, al enemigo igual que al amigo. Haz que en el que sufre yo no vea más que al hombre. Ilumina mi mente para que reconozca lo que se presenta a mis ojos y para que sepa discernir lo que está ausente y escondido. Que no deje de ver lo que es visible, pero no permitas que me arrogue el poder de inventar lo que no existe; pues los límites del arte de preservar la vida y la salud de Tus criaturas son tenues e indefinidos. No permitas que me distraiga: que ningún pensamiento extraño desvíe mi atención de la cabecera del enfermo o perturbe mi mente en su silenciosa deliberación, pues son grandes y complicadas las reflexiones que se necesitan para no dañar a Tus criaturas. ¡Dios Todopoderoso! Concédeme que mis pacientes tengan confianza en mí y en mi arte y sigan mis prescripciones y mi consejo. Aleja de su lado a los charlatanes y a la multitud de los parientes oficiosos y sabelotodos, gente cruel que con arrogancia echa a perder los mejores propósitos de nuestro arte y a menudo lleva a la muerte a Tus criaturas. Que los que son más sabios quieran ayudarme y me instruyan. Haz que de corazón les agradezca su guía, porque es muy extenso nuestro arte. Que sean los insensatos y locos quienes me censuren. Que el amor de la profesión me fortalezca frente a ellos. Que yo permanezca firme y que no me importe ni su edad, su reputación, o su honor, porque si me rindiera a sus críticas podría dañar a tus criaturas. Llena mi alma de delicadeza y serenidad si algún colega de más años, orgulloso de su mayor experiencia, quiere desplazarme, me desprecia o se niega a enseñarme. Que eso no me haga un resentido, porque saben cosas que yo ignoro. Que no me apene su arrogancia. Porque aunque son ancianos, la edad avanzada no es dueña de las pasiones. Yo espero alcanzar la vejez en esta tierra y estar en Tu presencia, Señor Todopoderoso. Haz que sea modesto en todo excepto en el deseo de conocer el arte de mi profesión. No permitas que me ataque el pensamiento de que ya sé bastante. Por el contrario, concédeme la fuerza, la alegría y la ambición de saber más cada día. Pues el arte es inacabable, y la mente del hombre siempre puede crecer. En Tu eterna Providencia, Tú me has elegido para velar sobre la vida y la salud de Tus criaturas. Estoy ahora preparado para dedicarme a los deberes de mi profesión. Apóyame, Dios Todopoderoso, en este gran trabajo para que haga bien a los hombres, pues sin Tu ayuda nada de lo que haga tendrá éxito.

Los consejos de Esculapio

¿Quieres ser médico, hijo mío? Aspiración es ésta de un alma generosa, de un espíritu ávido de ciencia. Deseas que los hombres te tengan por un dios que alivia sus males y ahuyenta de ellos el temor. Pero ¿has pensado en lo que va a ser tu vida?
Tendrás que renunciar a la vida privada: mientras la mayoría de los ciudadanos pueden, terminada su tarea, aislarse lejos de los inoportunos, tu puerta estará siempre abierta a todos. A toda hora del día y de la noche vendrán a turbar tu descanso, tus aficiones, tu meditación; ya no tendrás horas que dedicar a tu familia, a la amistad, al estudio. Ya no te pertenecerás.
Los pobres, acostumbrados a padecer, te llamarán sólo en caso de urgencia. Pero los ricos te tratarán como un esclavo encargado de remediar sus excesos: sea porque tienen una indigestión o porque se han resfriado, harán que te despierten a toda prisa tan pronto como sientan la menor molestia. Habrás de mostrarte muy interesado por los detalles más vulgares de su existencia; habrás de decirles si han de comer ternera o pechuga de pollo, si les conviene andar de este modo o del otro cuando salen a pasear. No podrás ir al teatro ni ponerte enfermo: tendrás que estar siempre listo para acudir tan pronto como te llame tu amo.
Eras severo en la elección de tus amigos. Buscabas el trato de hombres de talento, de almas delicadas, de ingeniosos conversadores. En adelante, no podrás desechar a los pesados, a los cortos de inteligencia, a los altaneros, a los despreciables. El malhechor tendrá tanto derecho a tu asistencia como el hombre honrado: prolongarás vidas nefastas y el secreto de tu profesión te prohibirá impedir o denunciar acciones indignas de las que serás testigo.
Crees firmemente con el trabajo honrado y el estudio atento podrás conquistarte una reputación: ten presente que te juzgarán, no por tu ciencia, sino por las casualidades del destino, por el corte de tu capa, por la apariencia de tu casa, por el número de tus criados, por la atención que dediques a las chácharas y a los gustos de tus clientes. Los habrá que desconfíen de ti si no gastas barba, otros si no vienes de Asia; otros, si crees en los dioses; otros, si no crees en ellos.
Te gusta la sencillez: tendrás que adoptar la actitud de un augur. Eres activo, sabes lo que vale el tiempo. No podrás manifestar fastidio ni impaciencia: tendrás que escuchar relatos que arrancan del principio de los tiempos cuando uno quiere explicarte la historia de su estreñimiento. Los ociosos vendrán a verte por el simple placer de charlar: serás el vertedero de sus nimias vanidades.
Aunque la Medicina es ciencia oscura, que, gracias a los esfuerzos de sus fieles, se va iluminando poco a poco, no te será permitido dudar nunca, so pena de perder tu crédito. Si no afirmas que conoces la naturaleza de la enfermedad, que posees, para curarla, un remedio que no falla, el vulgo irá a charlatanes que venden la mentira que necesita.
No cuentes con el agradecimiento de tus enfermos. Cuando sanan, la curación se debe a su robustez; si mueren, tú eres quien los ha matado. Mientras están en peligro, te tratan como a un dios: te suplican, te prometen, te colman de halagos. Apenas empiezan a convalecer, ya les estorbas. Cuando les hablas de pagar los cuidados que les has prodigado, se enfadan y te denigran. Cuanto más egoístas son los hombres, más solicitud exigen.
No cuentes con que este oficio tan duro te haga rico. Te lo aseguro: es un sacerdocio, y no sería decente que te produjera ganancias como las que saca un aceitero o el que se dedica a la política.
Te compadezco si te atrae lo que es hermoso: verás lo más feo y repugnante que hay en la especie humana. Todos tus sentidos serán maltratados. Habrás de pegar tu oído contra el sudor de pechos sucios, respirar el olor de míseras viviendas, los perfumes harto subidos de las cortesanas; tendrás que palpar tumores, curar llagas verdes de pus, contemplar orines, escudriñar los esputos, fijar tu mirada y tu olfato en inmundicias, meter el dedo en muchos sitios. Cuántas veces, en un día hermoso y soleado, al salir de un banquete o de una representación de Sófocles, te llamarán para vayas a ver a un hombre que, molestado por dolores de vientre, te presentará un bacín nauseabundo, diciéndote satisfecho: Gracias a que he tenido la precaución de no tirarlo. Recuerda entonces que has de agradecerlo y mostrar todo tu interés por aquella deyección.
Hasta la belleza misma de las mujeres, consuelo del hombre, se desvanecerá para ti. Las verás por la mañana, desgreñadas, desencajadas, desprovistas de sus bellos colores, olvidada por los muebles parte de sus atractivos. Dejarán de ser diosas para convertirse en seres afligidos de miserias sin gracia. Sólo sentirás por ellas compasión.
El mundo te parecerá un vasto hospital, una asamblea de individuos que se quejan. Tu vida transcurrirá a la sombra de la muerte, entre el dolor de los cuerpos y las almas, viendo unas veces el duelo de quien es destrozado por la pérdida de su padre, y otras la hipocresía que, a la cabecera del agonizante, hace cálculos sobre la herencia.
Cuando a costa de muchos esfuerzos hayas prolongado la existencia de algunos ancianos o de niños débiles y deformes, vendrá una guerra que destruirá lo más sano que hay en la ciudad. Entonces te encargarán que separes los menos dotados de los más robustos, para salvar a los enclenques y enviar a los fuertes a la muerte.
Piénsalo bien mientras estás a tiempo. Pero si, indiferente a la fortuna, a los placeres, a la ingratitud; si, sabiendo que te verás muchas veces solo entre fieras humanas, tienes el alma lo bastante estoica para satisfacerse con el deber cumplido, si te juzgas suficientemente pagado con la dicha de una madre que acaba de dar a luz, con una cara que sonríe porque el dolor se ha aliviado, con la paz de un moribundo a quien acompañas hasta el final; si ansías conocer al hombre y penetrar en la trágica grandeza de su destino, entonces, hazte médico, hijo mío.

El juramento hipocrático (Brittish Medical Journal)

Robin ED. The Hippocratic Oath updated. BMJ 309(6947):96, 1994. Traducción: Dr. Alejandro H. Ring

El Juramento Hipocrático enunciado unos 2200 años atrás fue casi seguramente un juramento de templo escrito por varios Asclepíades (médicos sacerdotes) más que por Hipócrates mismo. A pesar de los vastos cambios en la estructura médica y social durante los pasados 22 siglos, el juramento original ha sido pasado sin modificar de generación en generación de doctores. Sugiero la versión actualizada siguiente para debatir:

En el nombre de la sufriente humanidad, con humildad, compasión y dedicación al bienestar de los enfermos de acuerdo a mi mejor saber y entender, mantendré este juramento y sus estipulaciones.
Seré honesto con mis pacientes en toda cuestión médica. Cuando esta honestidad revele malas noticias las brindaré con comprensión y simpatía y tacto.
Proveeré a mis pacientes con alternativas aceptables de varias formas de diagnóstico, y tratamiento médico y quirúrgico, explicando los riesgos y beneficios de cada alternativa con el mejor de mis conocimientos.
Permitiré a mis pacientes a que efectúen ellos la decisión final acerca de su propio tratamiento. En circunstancias en las que mis pacientes sean incapaces de efectuar decisiones, aceptaré la decisión de miembros de la familia o seres queridos, alentando a estos subrogantes para que decidan como ellos creen que el paciente hubiera decidido.
No efectuaré juicio moral de paciente alguno, sino que trataré sus enfermedades al máximo de mi capacidad sin importar las circunstancias.
Seré empático con pacientes que sufran de enfermedades causadas por sustancias tales como el alcohol o las drogas, u otras formas de auto abuso generalmente consideradas bajo control voluntario de los humanos.
Conociendo mis propias limitaciones y las de la medicina en general, me esforzaré por curar cuando sea posible y por confortar siempre.
Pediré estudios sólo si creo que tienen probabilidad razonable de producir mejores resultados para mis pacientes.
No efectuaré estudios ni procedimientos ni cirugía solamente para ganar dinero. Derivaré libremente mis pacientes a otros médicos si estoy convencido de que están mejor capacitados que yo para tratar un determinado problema.
Proveeré libremente copias de historias clínicas a pacientes o sus familias si así lo solicitan.
Haré a mis pacientes y sus familias solo lo que yo quisiera que hicieran conmigo o mi familia. No experimentaré con pacientes a menos que otorguen su consentimiento luego de informarlos verazmente. Me esforzaré por instruir completamente a mis pacientes para que su consentimiento tenga bases veritables.
Seguiré siendo un estudiante toda mi vida profesional, intentando aprender no solo de fuentes médicas formales sino también de mis pacientes.
Intentaré funcionar como un maestro para mis pacientes para poder cuidar de ellos más efectivamente y poder aplicar las lecciones que ellos me provean en el cuidado de otros pacientes.
Brindaré cuidados a todos los pacientes que lo soliciten, prescindiendo de su sexo, raza, color, credo, preferencia sexual, estilo de vida o status económico. En particular, ofreceré voluntariamente parte de mi tiempo para el cuidado de los pobres, los sin hogar, los desventajados, los desposeídos y los desvalidos. No rechazaré paciente alguno, ni siquiera aquellos con temibles enfermedades contagiosas como el SIDA. Alentaré a mis pacientes a que pidan otras opiniones médicas antes de que accedan a aceptar la mía.
Trataré a mis colegas profesionales con respeto y honor pero no titubearé en testificar abiertamente acerca de médicos e instituciones que sean culpables de malapraxis, malas prácticas, angurria o fraude.
Defenderé con igual fervor a colegas injustamente acusados de malapraxis, malas prácticas, angurria o fraude.

El juramento hipocrático (una fórmula para hoy desde la Universidad de Navarra)


Copyright del original inglés: Value of Life Committee, Inc.
Copyright de la traducción castellana: Gonzalo Herranz (Universidad de Navarra, Departamento de Bioética)


YO JURO en la presencia del Todopoderoso y delante de mi familia, mis maestros y mis colegas que, según mi capacidad y mi juicio, guardaré este Juramento y cada una de sus Cláusulas:

TENDRÉ a todos los que me han enseñado este arte el mismo afecto que a mis padres, y con su mismo espíritu y entrega impartiré a otros el conocimiento del arte médico. Con diligencia seguiré al día los avances de la Medicina. Sin discriminación y en la medida en que ello no ponga en peligro la atención que debo a mis otros pacientes, trataré a todos los que soliciten mis servicios y buscaré, cuando así lo requiera el beneficio de mi paciente, el consejo de colegas más competentes.
SEGUIRÉ el método de tratamiento que, según mi capacidad y juicio, me parezca mejor para beneficio de mi paciente, y me abstendré de toda acción dañosa o malintencionada. Nunca prescribiré ni administraré a ningún paciente, aun cuando me lo pidiere, una medicina en dosis letal, y nunca aconsejaré cosa semejante; ni haré nada, por acción u omisión, con el propósito directo y deliberado de acabar con una vida humana. Tendré el máximo respeto a toda vida humana desde el momento de la fecundación hasta el de la muerte natural, y rechazaré el aborto que destruye intencionadamente una vida humana única e irrepetible.
CON PUREZA, SANTIDAD Y BENEFICENCIA dirigiré mi vida y practicaré mi arte. A no ser que sea necesario para la prudente corrección de un peligro inminente, nunca trataré a mis pacientes ni haré ninguna investigación sobre ningún ser humano sin el válido consentimiento informado del sujeto o de su protector legal pertinente, con tal que la investigación tenga por finalidad la mejora de la salud de ese individuo. A cualquier lugar al que vaya a atender a los pacientes, iré para beneficio de ellos, me abstendré de toda acción voluntaria maliciosa o abusiva, y jamás seduciré a ningún paciente.
TODO LO QUE, CON OCASIÓN de mi práctica profesional o sin relación con ella, pueda ver u oír de la vida de mis pacientes y que no deba ser divulgado, no lo diré a nadie, consciente de que de todo ello deberé guardar secreto.
MIENTRAS GUARDE inviolado este Juramento, que se me conceda disfrutar de vida, y practicar el arte y la ciencia de la Medicina con la bendición del Todopoderoso y el respeto de mis colegas y de la sociedad. Pero si quebrantara y violara este Juramento, que lo contrario sea mi destino.

El juramento hipocrático (versión clásica)

Juro por Apolo, médico, por Asclepio, y por Higía y Panacea, y por todos los dioses y diosas del Olimpo, tomándolos por testigos, cumplir este juramento según mi capacidad y mi conciencia:

Tendré al que me enseñó este arte en la misma estimación que a mis padres, compartiré mis bienes con él y, si lo necesitara, le ayudaré con mis bienes. Consideraré a sus hijos como si fueran mis hermanos y, si desean aprender el arte médico, se lo enseñaré sin exigirles nada en pago. A mis hijos, a los hijos de mi maestro y a los que se obligaran con el juramento que manda la ley de la Medicina, y a nadie más, les enseñaré los preceptos, las lecciones y la práctica.
Aplicaré mis tratamientos para beneficio de los enfermos, según mi capacidad y buen juicio, y me abstendré de hacerles daño o injusticia. A nadie, aunque me lo pidiera, daré un veneno ni a nadie le sugeriré que lo tome. Del mismo modo, nunca proporcionaré a mujer alguna un pesario abortivo.
Viviré y ejerceré siempre mi arte en pureza y santidad. No practicaré la cirugía en los que sufren de cálculos, antes bien dejaré esa operación a los que se dedican a ella.
Siempre que entrare en una casa, lo haré para bien del enfermo. Me abstendré de toda mala acción o injusticia y, en particular, de tener relaciones eróticas con mujeres o con hombres, ya sean libres o esclavos.
Guardaré silencio sobre lo que, en mi consulta o fuera de ella, vea u oiga, que se refiera a la vida de los hombres y que no deba ser divulgado. Mantendré en secreto todo lo que pudiera ser vergonzoso si lo supiera la gente.
Si fuera fiel a este juramento y no lo violara, que se me conceda gozar de mi vida y de mi arte, y ser honrado para siempre entre los hombres. Si lo quebrantara y jurara en falso, que me suceda lo contrario.

Declaración de Ginebra

Adoptada por la 2ª Asamblea General de la AMM (Ginebra, Suiza, septiembre 1948) y enmendada por la 22ª Asamblea Médica Mundial (Sydney, Australia, agosto 1968) y por la 35ª Asamblea Médica Mundial (Venecia, Italia, octubre 1983) y por la 46ª Asamblea General de la AMM (Estocolmo, Suecia, septiembre 1994)

En el Momento de Ser Admitido como Miembro de la Profesión Médica:

Prometo Solemnemente consagrar mi vida al servicio de la humanidad,
Otorgar a mis maestros el respeto y gratitud que merecen,
Ejercer mi profesión a conciencia y dignamente,
Velar ante todo por la salud de mi paciente,
Guardar y Respetar los secretos confiados a mí, incluso después del fallecimiento del paciente,
Mantener incólume, por todos los medios a mi alcance, el honor y las nobles tradiciones de la profesión médica,
Considerar como hermanos a mis colegas,
No permitir que consideraciones de afiliación política, clase social, credo, edad, enfermedad o incapacidad, nacionalidad, origen étnico, raza, sexo o tendencia sexual se interpongan entre mis deberes y mi paciente,
Velar con el máximo respeto por la vida humana desde su comienzo, incluso bajo amenaza, y no emplear mis conocimientos médicos para contravenir las leyes humanas,
Hago Estas Promesas solemne y libremente, bajo mi palabra de honor.

Código internacional de la ética médica

Adoptado por la 3ª Asamblea General de la Asociación Médica Mundial (Londres, Inglaterra, octubre de 1949) y enmendado por la 22ª Asamblea Médica Mundial (Sydney, Australia, agosto de 1968) y por la 35ª Asamblea Médica Mundial (Venecia, Italia, octubre de 1983).

Deberes de los Médicos en General:

El Médico Debe mantener siempre el nivel más alto de conducta profesional.
El Médico No Debe permitir que motivos de ganancia influyan el ejercicio libre e independiente de su juicio profesional en favor de sus pacientes.
El Médico Debe, en todos los tipos de práctica médica, dedicarse a proporcionar un servicio médico competente, con plena independencia técnica y moral, con compasión y respeto por la dignidad humana.
El Médico Debe tratar con honradez a paciente y colegas, y está obligado a denunciar a aquellos médicos débiles de carácter o deficientes en competencia profesional, o a los que incurran en fraude o engaño.
Las siguientes prácticas se consideran conducta no-ética:
a) La publicidad hecha por un médico, a menos que esté permitida por las leyes del país y el Código de Ética de la Asociación Médica Nacional.
b) El pagar o recibir una comisión u otro emolumento con el propósito de obtener un paciente o el recetar o enviar a un paciente a un establecimiento.
El Médico Debe respetar los derechos del paciente, de los colegas y de otros profesionales de la salud, y debe salvaguardar las confidencias de los pacientes.
El Médico Debe actuar solamente en el interés del paciente al proporcionar atención médica que pueda tener el efecto de debilitar la condición mental y física del paciente.
El Médico Debe obrar con suma cautela al divulgar descubrimientos o nuevas técnicas o tratamientos a través de canales no profesionales.
El Médico Debe certificar únicamente lo que él ha verificado personalmente.

Deberes de los Médicos hacia los Enfermos:

El Médico Debe recordar siempre la obligación de preservar la vida humana.
El Médico Debe a sus pacientes todos los recursos de su ciencia y toda su lealtad. Cuando un examen o tratamiento sobrepase su capacidad, el médico debe llamar a otro médico calificado en la materia.
El Médico Debe, aún después de la muerte de un paciente, preservar absoluto secreto en todo lo que se le haya confiado.
El Médico Debe proporcionar cuidados médicos en caso de urgencia como un deber humanitario, a menos que esté seguro de que otros médicos pueden y quieren brindar tal cuidado.

Deberes de los Médicos entre sí:

El Médico Debe comportarse hacia sus colegas como él desearía que ellos se comportasen con él.
El Médico no Debe atraer hacia sí los pacientes de sus colegas.
El Médico Debe observar los Principios de la "Declaración de Ginebra" aprobada por la Asociación Médica Mundial.

Oración del médico

S.S. Pío XII

Oh divino Médico de las almas y de los cuerpos, Jesús Redentor, que durante tu vida mortal amaste con predilección a los enfermos, sanándolos al tocarlos con tu mano omnipotente; nosotros, llamados a la ardua misión de médicos, te adoramos y reconocemos en ti a nuestro excelso modelo y protector.
Guía siempre nuestro entendimiento, corazón y manos para que merezcamos la alabanza y el honor que el Espíritu Santo tributa a nuestro oficio. Aumente en nosotros la convicción de que somos en cierta manera tus colaboradores en la defensa y en el desarrollo de las criaturas humanas e instrumento de tu misericordia.
Ilumina nuestras inteligencias en el áspero empeño contra las innumerables enfermedades del cuerpo, para que, empleando rectamente la ciencia y sus progresos, no se nos oculten las causas de los males, ni nos induzcan a error sus síntomas, sino que con seguro diagnóstico podamos indicar los remedios dispuestos por tu Providencia.
Ensancha nuestros corazones con tu amor, de forma que, contemplando a ti mismo en los enfermos, especialmente en los más abandonados, respondamos con incansable solicitud a la confianza que depositan ellos en nosotros.
Haz que imitando tu ejemplo, seamos paternales al compadecernos, sinceros al aconsejar, contrarios a engañar, suaves al anunciar el misterio del dolor y de la muerte, sobre todo que seamos intrépidos en defender tu santa ley del respeto a la vida contra los asaltos del egoísmo y de los instintos perversos.
Como médicos que nos gloriamos de tu nombre, prometemos que nuestra actividad se moverá constantemente dentro de la observancia del orden moral y bajo el imperio de sus leyes.
Concédenos finalmente, que nosotros mismos, por la cristiana conducta de la vida y por el recto ejercicio de la profesión, merezcamos un día escuchar de tus labios la feliz sentencia, prometida a los que te visitaron: "Venís benditos de mi Padre, a poseer el reino preparado para vosotros".

Preguntas y respuestas para la vida

Madre Teresa de Calcuta

1.- ¿El día más bello? Hoy.
2.- ¿El obstáculo más grande? El miedo.
3.- ¿La cosa más fácil? Equivocarse.
4.- ¿El error mayor? Abandonarse.
5.- ¿La raíz de todos los males? El egoísmo.
6.- ¿La distracción más bella? El trabajo.
7.- ¿La peor derrota? El desaliento.
8.- ¿Los mejores profesores? Los niños.
9.- ¿La primera necesidad? Comunicarse.
10.- ¿Lo que me hace más feliz? Ser útil a los demás.
11.- ¿El peor defecto? El mal humor.
12.- ¿El sentimiento más ruin? El rencor.
13.- ¿El regalo más bello? El perdón.
14.- ¿Lo más imprescindible? El hogar.
15.- ¿La sensación más grata? La paz interior.
16.- ¿El mejor remedio? El optimismo.
17.- ¿La mayor satisfacción? El deber cumplido.
18.- ¿La fuerza más potente del mundo? La Fe.
19.- ¿Las personas más necesarias? Los padres.
20.- ¿La cosa más bella del mundo? ¡EL AMOR!

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